“Nos hallamos en el corazón de un enorme proceso de refundición de las formas de literatura en el que las posiciones desde las cuales estamos habituados a pensar pueden estar perdiendo vigencia” (Benjamín).
El graffiti moderno, o grafito (del italiano grafitti), cuyos orígenes se remontan a los años del imperio romano, ha utilizado como instrumentos las superficies urbanas: paredes, suelos, objetos, hasta vagones de trenes y vehículos, para expresar imágenes, pensamientos y posiciones políticas, entre otros. Entrada la postmodernidad, el universo del graffiti en América Latina incursiona en nuevas vertientes de expresión. Si bien existen remanentes del “graffiti social”, de denuncia, hoy es más frecuente hallar aquellos que, prescindiendo de toda imagen, son manifestaciones creativas próximas a la literatura, a una literatura marginal, por supuesto. Reflexiones, sentencias, a veces frases trilladas, son historias que trascienden la brevedad de sus textos.
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